Hoy va la cosa de música, vista desde dos aspectos diferentes, controvertidos y curiosos que a todos nos han hecho mella alguna vez.
El primer aspecto viene de la mano de ese querido vecino que decide que las 11 de la mañana es una buena hora para aprender a tocar la guitarra eléctrica que le trajo Papá Noel o para poner la música que a él le gusta a toda leche. ¿Por qué tengo que aguantar yo al pesado de mi vecino, mientras tortura mis tímpanos con sus gustos musicales? Me siento privado de libertad. Lo peor es que esto no pasa sólo en casa. Decides marcharte para olvidar a ese hombre que se cree músico y te montas en el tren. Allí, a alguien se le ha ocurrido la feliz idea de que te gusta la música de su móvil, y sin cascos ni nada, la lleva puesta a todo trapo para que todo el tren disfrutéis unos momentos musicales ofrecidos por esa persona tan generosa. ¿Cuándo pierdo yo mi derecho a oír lo que me dé la gana para que esa persona escuche su música? Y si prohibieran la música sin cascos o a cierto volumen, ¿no quebrantaríamos la libertad del otro para oír lo que quiera y cómo quiera?
Aspecto número dos referido a la música: el baile. Los hombres no bailamos, por lo general. Si acaso podemos llamar baile a balancearnos de un pie a otro, mover la cabeza al ritmo de la copa, y poco más. Cuando nacemos nos dan unas reglas que debemos cumplir entre las que encontramos: bailar es ridículo, no se baila. Posiblemente, tengamos en la mente a ese familiar masculino que tanta vergüenza ajena nos hizo pasar alguna vez, mientras intentaba bailar sacudiéndose convulsivamente en la pista al ritmo de la macarena. A las mujeres os encanta bailar, os movéis al son de cualquier cosa, aunque sea una botella de anís del mono llena de caramelos. No hace falta que estéis borrachas para hacerlo, simplemente, os lo pide el cuerpo. Los tíos, por nuestra parte, hasta que dos o tres copazos nos coagulan la sangre, no somos capaces de arrancarnos sin olvidarnos del ridículo tan grande que podemos llegar a causar. Pero yo me estoy liando con esto, y no era esto lo que quería decir. Más bien quería explicar los tipos de baile que usamos para todas las canciones, sin excepción, simplemente reduciendo o aumentando la velocidad de los pasos. Esto cuanto mayor eres en años, más se nota. Lo bueno es que con pocos pasos puedes bailar sin que nadie te mire raro, porque ninguno nos libramos de haber bailado así (sobrios o ebrios). Aquí adjunto 10 pasos para futuros bailarines (¿quién necesita Fama?):
Paso nº 1: el vaivén. Es una especie de movimiento de un lado a otro con pasitos cortos, dos pasitos del pie derecho y dos del pie izquierdo, con un leve balanceo de brazos al compás, de un lado a otro. Muy típico de las mujeres cuando alcanzan su edad adulta y con canciones de los años ’60 y ’70.
Paso nº 2: yo lo llamo “me seco con la toalla”. Hay que imaginarse que tienes una toalla apoyada en el culo y te lo estás secando. Se trata de menear la toalla de un lado a otro con un movimiento acompasado de pies, apoyando el tacón y levantando la punta. Esto sirve para rock and roll, swing, cualquier baile movidito. Se puede versionar, subiendo la toalla a la cabeza y moviendo el cuerpo convulsivamente, para sambas, salsas y ritmos tropicales.
Paso nº 3: la macarena, el chiki-chiki, el coyote dax y sucedáneos. ¿Qué nos pasa, señores? ¿En qué momento de la evolución se nos ocurre bailar a todos como si fuéramos de una secta?
Paso nº 4: La conga. Este suele ser el final de cualquier fiesta o sarao, cuando la canción no sabes cómo bailarla. Alguien con algo de sobriedad decide que es el momento de hacer una cola y bailar todos levantando las piernas cual ciempiés gigante.
Paso nº 5: Yo acuso. Facilito, el movimiento consiste en estirar el dedo índice de una mano y subirlo y bajarlo en diagonal.
Paso nº 6: La baticao. Movimiento de brazos como si hicieras puñetas a lo bestia o boxeases contra un saco. Este movimiento puede incluir otro, ya que puedes hacer la baticao abajo, arriba, al centro, a la derecha o al izquierda. Completito. Este, junto con el paso nº 5, perfectos para las canciones discotequeras en plan fiebre del sábado noche.
Paso nº 7: Salta conmigo. Ideal para conciertos. Solo hay que saltar al compás de la música. Es más divertido si te agarras a un amigo o conocido, sobre todo cuando tienes que aterrizar después del salto.
Paso nº 8: El mimo. Imagina que eres un mimo con una pared de cristal delante. Extiende las manos para tocarla y ahora muévelas en círculos como si estuvieras limpiando el cristal. Acompáñalo a un movimiento de cabeza en plan “paloma asesina” y listo para bailar cualquier canción de Marta Sánchez, Miguel Bosé o algo así. La velocidad del movimiento puede ir desde muy lento hasta rapidísimo (apto para salsas).
Paso nº 9: el movimiento “sesi”. Hasta donde te permitan bajar tus rodillas, solo tienes que contonearte mientras te agachas y contonearte mientras subes.
Paso nº 10: la lapa. Este término podemos utilizarlo en diferentes modalidades. Tanto boleros como merengues, canciones más o menos pegadas que simplemente consiste en arrimar cebolleta y dar pasos cortos. Las abuelas tienen un don especial para este tipo de bailes y hacen una variante divertida y curiosa que consiste en “la lapa pasodoble”. Toda canción lenta se convierte en pasodoble. Generalmente buscan una amiga y bailan dos mujeres mayores juntas. Estiran un brazo que mueven hacia arriba y abajo con menos articulación que un clip de Famobil. Y los pies irán solos, es como un desfile militar, andando con ritmo marcado.
Si se te ocurre alguno más, añádelo a la lista.
Dumuzi Poty.
Gracias, porque la verdad que ando un poquillo mal de la cabeza ultimamente y no he tenido la inspiración necesaria que necesito. Me ha gustado como has clasificado esos pasos "Poty" para salir del paso jaja. Yo seguro que si hago memoria de cualquier sábado noche y con lo que analizo yo las cosas, seguramente podamos aumentar esa lista para todo el que lo lea este convertido es un "Mini-Potyto" preparado para arrasar en la pista!
Paso nº 11: Flexión de rodillas. Es bastante típico en los borrachos pacíficos de cualquier lugar; a la vez que sujetan su vaso (del cual nada nunca se derrama) flexionan las rodillas lo que les da la sensación (a ellos, no al resto) de que están bailando.